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lunes, 31 de mayo de 2010

Scientology - una nueva forma de ateísmo postulatorio inmanentista

Fuente: http://www.scientology.org


What is Scientology?

Scientology: Scio (Latin) "knowing, in the fullest sense of the word," logos (Greek) "study of." Thus Scientology means "knowing how to know."

Scientology is a twenty-first-century religion. It comprises a vast body of knowledge extending from certain fundamental truths, and prime among those truths: Man is a spiritual being endowed with abilities well beyond those which he normally envisions. He is not only able to solve his own problems, accomplish his goals and gain lasting happiness, but he can achieve new states of awareness he may never have dreamed possible.

In one form or another, all great religions have held the hope of spiritual freedom—a condition free of material limitations and misery. The question has always been, however, how does one reach such a state, particularly while still living amidst a frantic and often overwhelming society?

Although modern life seems to pose an infinitely complex array of problems, Scientology maintains that the solutions to those problems are basically simple and within every man's reach. Difficulties with communication and interpersonal relationships, nagging insecurities, self-doubt and despair—each man innately possesses the potential to be free of these and many other concerns.

Scientology offers a pathway to greater freedom.

What is the Concept of God in Scientology?

In Scientology, the concept of God is expressed as the Eighth Dynamic—the urge toward existence as infinity, as God or the Supreme Being. As the Eighth Dynamic, the Scientology concept of God rests at the very apex of universal survival.

In his book Science of Survival, L. Ron Hubbard wrote: “No culture in the history of the world, save the thoroughly depraved and expiring ones, has failed to affirm the existence of a Supreme Being. It is an empirical observation that men without a strong and lasting faith in a Supreme Being are less capable, less ethical and less valuable to themselves and society....A man without an abiding faith is, by observation alone, more of a thing than a man.”

Scientology seeks to bring one to a new level of spiritual awareness where he can reach his own conclusions concerning the nature of God and what lies in store for him after his present lifetime. Thus, like many Eastern religions, salvation in Scientology is attained through personal spiritual growth and enlightenment.

As one’s level of spiritual awareness increases through participation in auditing and training, he attains his own certainty of every dynamic and, as he moves from the Seventh (Spiritual) Dynamic to the Eighth, will come to his own conclusions concerning the nature of God (or the Supreme Being or infinity) and his relationship to that dynamic.


Respuesta:

El problema clave de esta nueva forma, es que la salvación surge de la voluntad humana. En resumen: “te portas bien, te salvas”. Pregunto, entonces, ¿dónde (unde) está la gracia?

Se ve la ‘función’ de Dios como mero creador, sin más. El no ayuda al hombre, sino que éste se auxilia a sí mismo, los males se sanan con «saliva humana» (Cf. Mc 7, 33-35).

No es posible para un ser finito, como es el caso del hombre, ser su propio garante de infinitud.

Ya se hace obvio al asegurar la evidente creación, de que no tiene la capacidad de realizarse plenamente por sí mismo.

Continuará...

Ateísmo - la no cuestión

C. Levy-Strauss contesta en una encuesta:

“De ninguna manera diría que el ateísmo es una actitud positiva sino que es, simplemente, la ausencia de ciertos problemas, cuestiones, interrogantes... Cuando discuto con creyentes siempre siento que la diferencia fundamental entre ellos y yo proviene del hecho que ellos se plantan problemas que ro no me planteo... La actividad científica aporta para la mayoría de los científicos, suficientes satisfacciones como para que no sea necesario plantearse otras cuestiones.” Chabanis, C., Dieu existe-t-il? Non répondent..., París 1973, 79s

Siguiendo una crítica a esta contestación podríamos asegurar con facilidad que verdaderamente el ateo es una persona ignorante de un para qué, ignorante conciente.

Cualquier sensato que se cuestione la propia vida encontrará una falta ineludible de un Todo. El hombre necesariamente se siente parte de algo, ya sea en la cuestión social, política, etcétera, pero necesita ser parte.

Pues bien somos parte verdadera de una realidad ulterior a la que estamos viviendo, no fuimos «creados-para-la-muerte», sino que nuestra búsqueda de sentido persigue trascender la propia existencia hacia Aquel que nos da seguridad de una «vida-para-siempre».

La actitud esquiva que estamos analizando no es sino el miedo por saberse pequeño, es decir de reconocer a Alguien superior. Esta es la corriente actitud de la mayoría de los autores contemporáneos, abanderados del conocido ateísmo humanista, que de humanista tiene sólo el nombre, porque el hombre que intenta perderse de Dios pierde en el intento su dignidad de Hijo de Dios.

La búsqueda de fenómenos a veces distrae al hombre de su verdadera búsqueda y lo lleva a la pérdida del tiempo y espacio. Se consume en lo contingente de la materia y no se aferra a lo perdurable de su existencia, lo desconoce.

Aún así la misericordia divina sale al encuentro de aquellos que queriendo negar u olvidar el sentido de sus vidas [el para qué] se pierden (Cf. Lc 15) en los sin sentidos pasajeros, en la mera apariencia de bienes terrenos.

Quien quiera buscar más allá lo encontrará más acá, pero el que quiera buscar más acá se perderá el más allá.

Las espaldas de Dios

“Cuando el pueblo apóstata se cierne el castigo (Ex 32, 1-10) y Moisés pide a Yahvé que venga (Ex 33, 15) y le muestre «su gloria» (Ex 33, 18), éste le contesta que en esta vida nadie puede ver «su rostro» (Ex 33, 20.23), pero le promete que verá «sus espaldas» cuando pase a su lado pronunciando su nombre (Ex 33, 19-23).” Ferrara, R., El Misterio de Dios. Correspondencias y Paradojas, Salamanca, 2005.

La glorificación en esta vida es imposible, pero tenemos la seguridad de que Dios nos ama y por esta misma razón no nos deja solos, sino que nos muestra «sus espaldas». Por esta razón podemos afirmar que su providencia nos acompaña, su mano de Padre nos acaricia y nos sostiene. Pues, ¿quién más que Él puede sobrellevar nuestras angustias y dolores, pecados y excesos, sino su Hijo como lo hizo en la Cruz?

Las espaldas que vemos no son sino la historia, nuestra vida y el Espíritu Santo, no como el Absoluto hegeliano inmanente en la historia, sino un trascendental, pero no total como un monismo; una flecha que atraviesa nuestro corazón y nos invita a preguntarnos quién la disparó, al contrario de la tarea de Buda de liberarse del dolor sin cuestionar su causante (un mal médico, el bueno se preguntaría por el agente para que el paciente no padezca nuevamente el mal), una flecha que no daña, sino que cuestiona sobre nuestra verdadera naturaleza.

De modo que las preguntas existenciales (Fides et Ratio, 1.26s) no logran su solución en un instante terno en la vida terrestre (“encuentro con Dios en clave teofánica”) sino que necesita una preparación de «capacidad» para la debida recepción de la salvación y redención que nos otorga [libremente] Dios en la gracia.

Pues bien, cabe decir a modo de breve síntesis que «las espaldas de Dios» son nuestro gozo en esta vida, y no debemos apartar nuestra mirada [del corazón] a este Bien supremo, por el cual nos sentimos atraídos aún inconcientemente.

La preparatio remite a toda nuestra vida, debemos ser cual “odres nuevas” para recibir el vino de la Nueva Alianza de sangre divina (Cf. Mc 2, 22).

Dios ya habló, sólo queda dar nuestra respuesta como verdaderos amantes.

La visión beatífica será concreta cuando demos nuestra respuesta final a la incógnita de nuestras vidas, el para qué tendrá su resolución sólo en Aquel que nos amó primero.

Nuestra vida debe ser libre respuesta de amor y aceptación de la gracia que Dios en su infinita sabiduría y libertad nos otorga.